El bello arte de envejecer

Envejecer no es una enfermedad sino un arte y, para aquellos que lo practiquen bien, puede proporcionarle extraordinarias recompensas.

El comienzo de la vejez puede ser tan gradual que suele sorprendernos descubrir que hemos entrado en esa etapa. Los cambios en los sentidos, el aspecto, los reflejos, la fortaleza física y el apetito sexual son innegables y, por lo general, mal recibidos. Sin embargo, envejecer también tiene sorprendentes aspectos positivos. La edad concentra la mente y la energía del cuerpo, lo que nos conduce a nuevas fuentes de creatividad, percepción e intensidad espiritual.

No es viejo, aquél que pierde su cabello, sino su última esperanza. No es viejo, el que lleva en su corazón el amor siempre ardiente. No es viejo, el que mantiene su fe en sí mismo, el que vive sanamente alegre, convencido de que para el corazón no hay edad.

Nadie, hasta ahora, nos enseña a envejecer, como no se nos enseña a amar, ni a ser padres, y ya no digamos a vivir o morir.

Preocupados por lo material, perdemos de vista que el tiempo pasa y creemos que vivir desatinadamente o, en el mejor de los casos, intensamente. El momento es suficiente para garantizarnos un final feliz.

Lejanos ya los sueños de la adolescencia y los delirios de la juventud, el anciano puede enfrentarse a la verdad con una sobriedad y con un realismo superiores a los de las demás épocas de la vida. Se hace así más fácil descubrir con una nueva nitidez lo que es importante y lo que es intrascendente, distinguir lo fugaz de lo que permanece.

Envejecer es, sin duda, un privilegio

Es común encontrarnos con una constante que va despuntando cada vez más: “El terror a envejecer”. Al menos así lo vemos reflejado en muchas personas, hombres y mujeres, que entran en depresión en una edad joven adulta –cronológicamente hablando- por el miedo, el terror a envejecer.

Esta es una realidad que se da especialmente, aunque no sólo, en mujeres, y no me refiero a la crisis propia de cada edad, sino a las personas que pretenden –de manera consciente o inconsciente- estancarse en una edad por el terror a envejecer.

Envejecer es saber que conforme avanza tu edad eres privilegiado… pues tienes la oportunidad de crecer en edad, sabiduría y gracia. Debemos comportarnos como personas, de acuerdo a nuestra propia naturaleza, tratar de envejecer con dignidad.

Así como la infancia y la juventud son el periodo en el cual el ser humano está en formación, también la vejez tiene sus ventajas porque es la época privilegiada de aquella sabiduría que generalmente es fruto de la experiencia, porque ‘el tiempo es un gran maestro’.

No tengas miedo de envejecer, piensa en todos aquellos que no tienen vida para poder vivirla, para poder compartirla, para poder disfrutarla, a causa de la muerte que les sorprendió a muy temprana edad. La vida es para vivirla, no te “remiendes” al grado de perder tu verdadero rostro, corres el grave riesgo de perder el rostro de tu identidad humana y específicamente personal, ama la vida, vívela en plenitud, cada etapa tiene su encanto, no tomes al tiempo como tu enemigo, hazlo tu aliado, vive tu vida, no la desperdicies, reflexiona y date cuenta, envejecer es un privilegio.

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