El ajo

Son muchas las propiedades medicinales que desde siempre se le han asignado a esta planta. Su origen está en Asia Central, pero los chinos y egipcios ya lo utilizaban en la más remota antigüedad. Alimentaban con ajos a los esclavos que construían las pirámides porque creían que el ajo les aportaba energía. También se empleó en el proceso de momificación y como moneda.

En Grecia y Roma el ajo se consideró un potente afrodisíaco y en la época medieval se usó el ajo para librarse de brujas, vampiros y malos espíritus. Durante la II Guerra Mundial se repartía entre los soldados para que tuvieran un remedio contra las heridas.
El ajo es considerado uno de los vegetales curativos más importantes. Es quizás el remedio natural con mayores propiedades medicinales demostradas experimentalmente.

• Reduce la presión arterial y el colesterol malo (LDL).
• Es un antibiótico y antiséptico general. Ayuda a combatir un buen número de hongos, bacterias y virus.
• Ayuda a incrementar el nivel de insulina en el cuerpo, reduciendo así los niveles de azúcar en la sangre.
• Ayuda a prevenir y curar las enfermedades de las vías respiratorias.
• Se utiliza para eliminar parásitos.
• Es diurético. Ayuda a quienes padecen de ácido úrico.
• Ayuda a reducir el bloqueo de las arterias y a reparar los daños causados por la arteriosclerosis.
• Actúa como antiinflamatorio. Muy bueno para combatir el reuma.
• Previene la hipertensión y la mala circulación. Muy utilizado por personas que han padecido trombosis, embolias o accidentes vasculares.
• Por su alto contenido de fósforo y de azufre, puede actuar como un sedante especial para los nervios.
• Es desinfectante. En caso de picarnos algún insecto extraño, podemos frotarnos con ajo crudo.
• Es afrodisíaco y energético.
• Su uso prolongado ayuda a prevenir ciertos tipos de cáncer.
• Incrementa ligeramente el nivel de serotonina en el cerebro ayudando a combatir el estrés y la depresión.

Se aconseja comerlo crudo ya que cocido pierde más del 90% de su efectividad.

¿Y el mal olor?

El ajo produce mal aliento y transpiración desagradable, sólo por un corto período de tiempo, mientras se expulsan las toxinas acumuladas en el organismo al combinarse con los activos principios eliminadores del ajo. Una vez liberadas éstas, ya no se despide mal olor, ni en el aliento, ni en la transpiración, ni siquiera en la orina.

Luego de un banquete “ajiento” usted puede elegir entre las siguientes opciones para eliminar ese mal olor: beber zumo de limón recién exprimido, morder perejil, tomarse una cucharada de miel si se le hace mas fácil o por último beber un vaso de leche o de vino tinto.

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