¿Por qué pierden peso los ancianos?

La pérdida de peso, es algo que viene junto al proceso de envejecer, es uno de los problemas de salud más directamente relacionados con el aumento de la morbilidad y mortalidad en las personas ancianas y más aún cuando la pérdida de masa corporal es significante y está asociada a algún tipo de enfermedad física o psíquica.

Las complicaciones que provienen de deficiencias en la alimentación retardan el proceso de recuperación física pero, a la vez un estado de malnutrición o una nutrición no equilibrada favorece el riesgo de enfermar y provoca en el sistema nervioso trastornos de tipo cognitivo y conductual.

Tanto los hombres como las mujeres ancianas experimentan cambios en la distribución del peso corporal, pudiendo haber atrofia grasa con la consiguiente exageración de los huesos de las mejillas y las sienes. Como un buen estado nutricional no logra prevenir o invertir estos cambios anatómicos, los ancianos pueden parecer físicamente débil y frágil a pesar de no presentar una pérdida de peso significativa. Por ello, el aspecto de una persona no justifica por sí solo la búsqueda exhaustiva de las causas de una supuesta pérdida de peso, pudiendo tratarse de una simple redistribución de su masa corporal.

Como regla general, una pérdida de peso superior al 2% en una semana o un 5% en el plazo de un mes puede indicar una malnutrición proteico-energética debida a un desequilibrio dietético o a una patología subyacente. En este caso debe realizarse una valoración lo más detallada posible, aunque los resultados deberán estudiarse siempre de forma global y no por datos aislados que pueden dar una información equivocada.

Los ancianos pueden perder peso:
– Por un aumento de las necesidades energéticas.
– Por la presencia de un trastorno metabólico.
– Por carencia de aporte nutricional.

Las personas de edad avanzada presentan una disminución de las necesidades energéticas, pero no de las necesidades proteicas. De hecho, al avanzar la edad, realizan menos ejercicio físico, gastan menos energía y deben ingerir menos calorías para evitar la obesidad. Ello comporta una contradicción práctica ya que si bien es una población que suele comer menos, lo que en principio estaría de acuerdo con las menores necesidades energéticas, presentan, por otra parte, dificultad en ingerir proteínas por distintos motivos tanto fisiopatológicos (falta de dentadura) como económicos y sociales.

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