La anemia y los adultos mayores

Fisiológicamente la anemia puede definirse como la disminución de la capacidad de transporte de oxígeno de la sangre desde los pulmones hacia el resto del cuerpo.

Día a día crece el grupo de los adultos mayores, y su alimentación es tan importante como en las demás etapas de la vida para combatir la deficiencia de hierro, que es la principal causa de anemia nutricional, caracterizada por una disminución anormal en el número de glóbulos rojos (eritrocitos o hematíes) o en su contenido de hemoglobina.

Los síntomas más frecuentes de la anemia son: cansancio (sensación de agotamiento y debilidad), dificultad para respirar, mareo, dolores de cabeza, frío en las manos y los pies, piel o membranas mucosas más pálidas de lo normal (es el tejido que cubre el interior de la nariz, la boca y otros órganos y cavidades del cuerpo) e ictericia (color amarillento de la piel o de la parte blanca de los ojos).

Efectos de la anemia

La deficiencia de hierro produce alteraciones en el sistema inmunológico, apatía y disminución en la capacidad física del adulto mayor, función muscular inadecuada, fatiga, anorexia, trastornos epiteliales y disminución de la acidez gástrica.

Conforme se agrava la anemia pueden ocurrir defectos en la lengua, las uñas y la boca. La piel se pone pálida, fría y húmeda; y la cara interna del párpado inferior, rosa en vez de roja.

También se presentan trastornos neurosiquiátricos (irritabilidad, somnolencia, síntomas depresivos, pérdida de la memoria, entumecimiento u hormigueo de manos y pies) y gastrointestinales (pérdida del apetito, cambios en el hábito intestinal con estreñimiento o diarrea que suelen depender de las enfermedades asociadas, llagas en la comisura de la boca y alteraciones del gusto).

Si esta condición médica no se trata a tiempo, pueden ocurrir cambios cardiovasculares y respiratorios, que al final causan insuficiencia cardiaca.

La única manera de diagnosticar una anemia con certeza es realizando un análisis de sangre, donde se determinará el hemograma.

 Cambios dietéticos para mejorar la anemia

La mejor fuente de hierro son las carnes rojas (hígado, riñones) seguidas por mariscos, frijoles, frutas secas, panes y cereales integrales, verduras de hojas verdes y yema de huevo.

Recordemos que la absorción puede verse afectada por el consumo de té o café o por el exceso de calcio, pero mejora al incluirse una fuente de vitamina C en cada comida como un refresco de naranja o limón.

Algunos tipos de anemia son leves, de corta duración y fácil tratamiento; pueden, incluso, prevenirse con una dieta saludable o tratarse con suplementos nutricionales.    Sin embargo, otros son graves, de larga duración y potencialmente mortales si no se diagnostican y tratan.

Si usted tiene signos o síntomas de anemia debe ir enseguida al médico. El tratamiento dependerá de la causa de la anemia y de qué tan grave sea la enfermedad.

Fuente: oblatos.com

Foto: Pixabay.

 

 

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