Salud mental, soledad y depresión

Por Dr. Mayobanex A. Torres Veras

Medicina familiar y geriatría

La salud mental se define como un estado de bienestar en el cual el individuo está consciente de sus propias capacidades, puede afrontar diferentes situaciones de la vida cotidiana, trabajar de forma productiva y fructífera, y ser capaz de hacer una contribución a su comunidad.

La salud mental es importante en todas las etapas de la vida, desde la niñez hasta el envejecimiento; y cuando se altera, aparecen las enfermedades que afectan no solamente al cuerpo sino también a la parte afectiva y la mente con depresión y/o ansiedad.

Una alteración en el estado de bienestar, algo así como un cambio de actividad social y psicológica, puede llevar a las personas a apartarse de la sociedad y caer en lo que llamamos SOLEDAD, que no es ni normal ni parte del proceso de adaptación de los años ya que un envejecimiento óptimo supone el mantenimiento de los niveles de actividad social en la edad avanzada.

La soledad se convierte en una de las mayores amenazas a la calidad de vida y a la salud mental para las personas que han alcanzado los 60 años o más, ya que representa un empobrecimiento de la calidad de sus relaciones sociales, y se va transformando en enfermedad invalidante y crónica. Así aparece lo que se llama DEPRESIÓN, que es una enfermedad como puede ser la diabetes o la artritis y no es solo una “sensación de estar triste o melancólico”, por lo que su progreso va afectando el pensamiento, los sentimientos, la salud física, y la forma de comportarse en el día a día.

Es así como se van manifestando los síntomas que afectan a estas personas como: perder interés en las cosas que antes disfrutaban, sentirse tristes o decaídos emocionalmente, tener sensaciones de fin del mundo y futuro inexistente, sentimientos de indignidad y de culpa, pérdida de motivación, retraso motor y fatiga, y una completa incapacidad que podría llevar a ideas y consumación de suicidio, ya que se sienten derrotados.

El desconocimiento de la depresión con todos sus posibles síntomas lleva a las personas a culparse a sí mismas de su nuevo estado, y no saben que existen tratamientos para la enfermedad. Si se presentan algunos síntomas de depresión, se recomienda que se ponga en contacto con su médico primario o su geriatra para que lo evalúe y organice su cuidado y tratamiento.

En sentido general, es necesario un cambio de actitud y de concienciación simple, relacionada con todo el proceso de envejecimiento, que debe ser responsabilidad de cada uno, y que eliminaría de una vez por todo el flagelo de la soledad.

He aquí algunas sugerencias de cómo debemos combatir la soledad, la depresión, y obtener la mejor salud mental y física.

1. Dar sentido a la vida. Creer que un mundo mejor es posible y que en nuestras manos está el poder dignificar la calidad de vida con motivos, razones para vivir, amar, crear y convivir.
2. Desarrollar una vida activa física, mental y social. Mantener activas, entrenadas, las capacidades intelectuales con ejercicios de pensamiento creativo.
3. Cultivar y mantener buenas relaciones humanas. Realizar tareas o trabajos de participación útil en la comunidad y en grupos.
4. Desarrollar una visión de que la vida es estimulante, significativa, interesante, incitante y no aburrida y tediosa.
5. Cumplir con el papel principal de la tercera edad: transmitir las experiencias y el saber acumulados a las nuevas generaciones.
6. Mantener una salud integral en el espíritu, la moral, la actitud con que vivimos y hacemos las cosas.

Los adultos mayores requieren de actividades con sentido que signifiquen una forma real de pertenencia social y de participación en la vida. Pero deben estar muy conscientes de las limitaciones de sus años y deben desarrollar estas actividades dentro de un grupo que les resulte propio.

Siga con su propia vida. Estará en mejor condición para ayudar si permanece física y emocionalmente saludable. Asegúrese de tener tiempo para usted, para salir y hacer lo que usted pueda disfrutar.

Déle más calidad de vida a sus años, y viva cada día como lo que es “el mejor
regalo de Dios”.

 

Foto: Pixabay.

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