La edad maravillosa…

Foto por Ambro Yo diría que la edad maravillosa es realmente la tercera edad. Porque ya hemos acabado con la responsabilidad de criar a nuestros hijos, de educarlos, de mantener esa familia que nos obligaba a seguir cada uno de sus pasos hasta que los “pichones” pudieran volar del nido. Esto exigía de nosotros un tiempo, un esfuerzo y una dedicación muy grandes. Ese compromiso quedó atrás, nuestros pichones abandonaron el nido para formar sus propios nidos.

Y ésta es la mejor etapa de mi vida en la que aún tengo entusiasmo y valentía para poder realizar todos los sueños que todavía no pude cumplir, por la responsabilidad que significaba atender un hogar.

¿A quién tengo que responder hoy? ¿Quiénes son las personas que me están esperando? Quizá seas viudo/a, o divorciado/a, o quizá tengas aún a tu compañera/o.

Como ves, en este momento, la tarea es mucho más simple, y dispones, posiblemente, de más libertad para hacer realidad aquellos deseos que tenías en la juventud y que postergaste, porque era imposible hacer tantas cosas a la vez.

A lo mejor, has sido un hombre o una mujer entregado a tu trabajo, quizá, te gustaba la música, coleccionar discos, armar una biblioteca, o te hubiese gustado pintar o escribir, o realizar alguna labor manual o simplemente cultivar flores, o decorar la casa, o estudiar computación o algún idioma, o, tal vez, también te interesó aprender algún oficio, etc.

Cuántas cosas podemos hoy hacer. Ya no están los niños para reclamarnos ayuda en la tareas del colegio, las toneladas de ropas que había que lavar, las comidas del día, las compras en el supermercado. Hoy puedes organizar tu tiempo. Pero no sabemos cómo o por dónde empezar. El hogar se siente vacío, han quedado cuartos que ya no hacen falta. ¡Qué grande resulta ahora la casa!

¿Cómo llenar esos espacios? Quizá con recuerdos, con el muñequito de peluche que usaba tu niño o niña para dormirse. Y allí está, en la cama, y lo miras de vez en cuando, sintiendo esa nostalgia por los hijos que se han ido. ¡Y es así!

Convierte ese cuarto de tu niño o niña en un lugar de estudio para ti, para poner una computadora o un caballete para pintar, o la máquina de coser que está allí guardada…

Fragmento del libro “La Tercera Edad Feliz”, editorial San Pablo, Argentina.

Photo by Ambro/ Courtesy of FreeDigitalPhotos.net

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