La alegría de vivir esos momentos de la vida

Al alcanzar la vejez muchas personas se sienten agobiadas por un sentimiento de pérdida de su pasado, sus amistades o su trabajo. Pero, una forma de combatir estas emociones es ver la tercera edad como una oportunidad, un momento en el que disponemos de más tiempo para realizar aquellas actividades que siempre soñamos y quizás no podíamos hacer antes. Igualmente nunca es tarde para hacer lo que amamos, porque los sueños no tienen edad, ni tampoco límites.

Foto por Ambro Por Marìa Eugenia Fanti

Envejecer implica cambios físicos, emocionales y psicológicos que deben afrontarse con un actitud positiva ante la vida. Algunos psicólogos admiten que debemos aprender a vivir sin el verbo “Hubiera”, ya que implica en muchas ocasiones arrepentimiento y culpa, cuantas veces no nos escuchamos a nosotros mismo decir: “Si yo hubiera hecho esto, tendría otra posición económica, otra pareja, otra vida”. Ya lo pasado, pasado está. El presente es un regalo y lo único certero. El futuro simplemente escapa de nuestras manos y es incierto. Así que debemos preguntarnos diariamente ¿Qué estoy haciendo hoy para sentirme feliz?

Si amabas practicar deportes en tu juventud, empieza a hacer deporte otra vez. Quizás no vas a correr en un maratón, pero puedes salir a caminar de 15 a 20 minutos todos los días y eso te va hacer sentir bien contigo mismo. Si siempre soñaste con aprender a pintar que mejor momento para tomar unas clases de pintura. Si te atraen las nuevas tecnologías, muchos lugares ofrecen clases sobre ese tema para personas de la tercera edad.

Hay una lista de libros que siempre quisiste leer y nunca tenías tiempo, ahora puedes hacerlo ¿Siempre te gusto escribir? ¿Has pensado en escribir un libro? El último Premio Nobel de Literatura (2013) lo ganó la canadiense Alice Munro a sus 82 años de edad, porque nunca es tarde para triunfar en lo que se ama, así como dice la Madre Teresa de Calcuta con el siguiente poema:

 Mientras estés viva, siéntete viva

(Por: Madre Teresa de Calcuta)

Siempre ten presente que la piel se arruga,

el pelo se vuelve blanco,

los días se convierten en años…

Pero lo importante no cambia,

tu fuerza y tu convicción no tienen edad.

Tu espíritu es el plumero de cualquier telaraña.

Detrás de cada línea de llegada, hay una de partida.

Detrás de cada logro, hay otro desafío.

Mientras estés viva, siéntete viva.

Si extrañas lo que hacías, vuelve a hacerlo.

No vivas de fotos amarillas…

Sigue aunque todos esperen que abandones.

No dejes que se oxide el hierro que hay en ti.

Haz que en vez de lástima, te tengan respeto.

Cuando por los años no puedas correr, trota.

Cuando no puedas trotar, camina.

Cuando no puedas caminar, usa el bastón…

¡Pero nunca te detengas!

Foto por Ambro/ Cortesía de Freedigitalphotos

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